domingo, 30 de diciembre de 2007

En la orilla

Antes de quedarse dormido sintió que en la orilla de la cama se sentó una de las hijas de la esposa de su padre. Nunca había querido llamarles hermanastras, mucho menos hermanas, porque la realidad es que no eran ninguna de las dos cosas, tampoco había crecido con ellas y por otra parte siempre sintió una extraña y prohibida atracción física hacia ambas. Tan solo tenían un par de años menos. Ambas chicas eran lo suficientemente lindas para gustar a cualquier hombre, ninguna contaba con proporciones despampanantes, tenían lo justo, lo necesario, pieles suaves y apiñonadas, la frescura de carácter muy propia de la edad y ambas, por cierto, eran sumamente parecidas.
Aunque hacia grandes esfuerzos por no perder la conciencia, el cansancio de una semana larga y un atareado fin lleno de compromisos, desvelos y algunas copas, le impedían quedarse despierto. Aun así estaba consiente que la madre de ambas chicas, estaba recostada junto a el viendo algún programa dominical de televisión. La escena no era común y mucho menos familiar, asistió a la comida de esa tarde bajo la insistencia de las tres, su padre no estaría presente debido a compromisos fuera de la ciudad.
Después de la comida quiso retirarse pero le gano la sobremesa, después de esta última hizo un intento más por partir pero lo invitaron a esperar un partido de futbol. Las ganas de dormir una siesta le hicieron aceptar, pensó que al partido se podría retirar ya habiendo ganado un tramo al sueño.
Sobre sus pies desnudos sintió la piel de las piernas de su hermanastra, hizo un movimiento inconsciente, sin pensarlo, casi instintivo, y acaricio una muy pequeña parte de su muslo, apenas lo que alcanzo desplazando únicamente el pie, sin necesidad de doblar las rodillas. La chica percibió de inmediato el sentido de la caricia, reaccionando con cierta sorpresa..
Habiendo sido la respuesta de rechazo, se despreocupo y concilio el sueño con una tranquilidad de no hacer cosas imposibles de imaginar, pensó de inmediato en su padre y en su figura de autoridad, aparte pensó que era una reacción obvia estando la madre ahí mismo, quien se daría cuenta de inmediato del más mínimo y extraño comportamiento, de cualquier cosa fuera de la normalidad. Se tiro a dormir sin preocupaciones, convencido de que el buen juicio de la chica era lo mejor que habría pasado, que quedaría como un detalle que seguramente ella pasaría de largo olvidando ese insignificante instante.





Cayo en un sueño a los pocos minutos, entre las voces de la televisión, las de la madre e hija; en otra situación jamás habría podido dormir así y menos después de aquel roce. Había leído artículos sobre las consecuencias de roces fortuitos en mujeres que hacia tiempo no tenían contacto físico íntimo, la mas leve caricia sobre, por ejemplo un seno, un pezón, podría provocar una humedad vaginal abundante e incluso, hasta en algunos casos una sensación similar a un espasmo orgásmico. Claro, que este no era su caso, ni el de la mujer que ahora se encontraba sentada a milimétrica distancia de sus extremidades.
Los primeros tintes de su sueño tenían que ver con ella, sobre lo que ya habría hecho esa recién adulta con su cuerpo. Sin poder evitarlo se metió dentro de una historia en la que él por supuesto estaba dentro de una situación mucho más “cómoda” junto a ella, no sólo física sino de comportamiento y remordimiento. Inconscientemente, como generalmente pasa con estos sueños tuvo una reacción física inevitable experimentando una erección momentánea, misma que fue notada para su suerte, únicamente por ella.
Repentinamente sintió como sus pies eran suavemente acomodados al mismo tiempo que ella retomaba una mejor posición, las voces habían desaparecido mas seguía sintiendo la presencia de la madre, ahora se había dado ya cuenta de su condición “física” embarazosa y retomo una posición fetal que la escondía por completo. Pego sus pies a las piernas de ella, esperando que los separara o terminara por quitarse de ese lugar. No fue así, ahí los retuvo.
Después de un rato, sin haber considerado cuanto habría sido, ya tenia uno de sus pies por completo debajo de la pierna de ella. Su erección no era mas un resultado de su imaginación alimentada por el sueño, ahora tenía una razón de ser, un verdadero contacto físico que por el momento no tenía porque proyectarle un futuro. Sólo pensaba que eso podría significarle algo.
Sin necesidad de abrir los ojos, entre sueños le llego un nuevo movimiento de parte de ella, tomaba ahora el mismo pie con firmeza para acomodarlo en su entrepierna. Experimento un súbito aumento de ritmo cardiaco acompañado también a una mayor temperatura, con esto venia un nerviosismo de no saber cual sería el siguiente paso que ella daría, estaba a su completa disposición y no podría hacer nada para retener, evitar o continuar nada en lo absoluto. Estaba dormido, y prefirió seguir en ese papel, de medio desmayo, pensó que sería un error fatal abrir los ojos en ese momento por el riesgo que correría finalizar con el momento.






Ya se imaginaba todo por completo, estar encima de ese esbelto cuerpo, poseerlo desnudo. Pero también venia ese nerviosismo de pensar si la madre no se daría cuenta de nada, si se estaba dando cuenta pero lo pasaba por alto, o si hasta ella misma lo estaba propiciando, que difícil realizar tantas conjeturas, establecer la procedencia de cada emoción experimentada. Decidió no tomar iniciativa alguna, mantenerse inerte ante cualquier cosa que pudiera venir.
Cuando le llegaban tales pensamientos, por relación llegaba el recuerdo de la amistad que mantenía con el novio de la muchacha, un largucho y delgado tipo, rubio de nariz aguileña y con permanente tono al hablar de niño “bien”, que habría hecho ya este niñete con semejante mujer. Casualmente, cada vez la imaginaba mas guapa, de mejores formas, en una y otra posición, recordaba ahora cualquier detalle proveniente de ella, cualquier atención extra que le haya prestado, gestos y sonrisas, maneras, palabras.
Y llego el momento impensable, la chica lentamente fue acomodando ese pie cada vez mas cerca de su sexo, podía imaginarse el limpio algodón de su ropa interior blanca, se despreocupo por la madre, si eso estaba sucediendo bajo iniciativa de ella entonces significaba que tendría control absoluto y hacia lo propio para que esta no se percatara de nada extraño. No tardo en aprovechar la oportunidad que le otorgaron, las consecuencias, prejuicios, probabilidades de problemas posteriores no tenían cabida en ese momento, todos esos factores estaban escondidos en el más profundo de los rincones de su pensamiento.
Con una lentitud y paciencia propia de un maestro empezó a acariciarle el sexo, sus dedos le transmitían la sensación del algodón casi adherido al pubis de la mujer, todo estaba ahí, en ese mínimo espacio de acción que tenia, el cansancio y el sueño se fueron con impresionante prontitud para pasar a un estado de alerta constante. Manteniendo los ojos cerrados su pie se acomodaba cada vez de mejor manera, la chica misma se acomodaba al pie, sentándose sobre el mismo, moviendo los dedos a conveniencia.
Dejo de ser dueño de su pie en poco tiempo, todo era controlado por ella, lo manejaba y dirigía por completo auto complaciéndose, lo utilizaba tal cual objeto, el sentía la basta humedad, el calor de la zona, podía incluso escuchar algún ruido parecido a los jadeos propios del preámbulo de un coito.
Al tiempo los movimientos fueron más bruscos, más fuertes, más intensos, así como los sonidos. Arremetiendo con fuerza el pie contra ella la cama empezó a cimbrarse y pensó en como estaba haciendo eso estando la madre misma ahí presente, si algo mas sucedía el no tenia culpa alguna, remitió contra si mismo, al fin seguía dormido. Y él sería el menos indicado para recibir un cuestionamiento, una llamada de atención.



Empezaba a salirse todo de control, ya no era el discreto movimiento, la leve, disfrutable y pausada caricia. Eran una serie de saltos sobre su pie, de intensos y constantes jadeos, de fuertes arremetidas del cuerpo, de su sexo contra los dedos, parecía que incluso por momentos podría lastimarla, pero quien estaba fuera de si era ella ¿Que más podría hacer él? Sino prestarse a proporcionarle el placentero momento, pudiera existir la posibilidad de proporcionarle aun más. Claro, siempre pensando en ella por principio de cuentas.

No pudo resistir mas la tentación, abrió lentamente los ojos, apenas para ver la escena en vivo, se encontró con una silueta acostada a su lado, claro que la esposa de su padre seguía ahí, movió con muchísimo cuidado de no ser sorprendido la cabeza hacia abajo, al abrir los ojos por completo no vio a nadie sentado en la orilla. ¡Como podría ser! Los sonidos iban en aumento pero había dejado de sentir el vaivén del cuerpo de la chica sobre su pie, de hecho, ella no estaba sentada sobre su pie.
Levanto la cabeza por completo, despertó viendo varios cojines a su lado, la televisión encendida en una película de pornografía ligera, las luces de la casa estaban totalmente apagadas, lo habían dejado sólo ante el profundo sueño en el que había caído. Eran ya la una de la madrugada, había dormido más de seis horas.
Y el movimiento de quien estaba arriba de él no era otro más que el de “Safid”, el gato de ambas chicas, que seguía rascándose la espalda empujándose sobre su pie.

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